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Mí Despedida

Por: Jorge Monetta
03/02/2014

Buenos Aires, diciembre 30 de 2013

Asunto: Mí Despedida

En los años 60 las computadoras eran ciencia ficción, las películas las mostraban como si fuesen personas, hablaban, pensaban, sentían, yo estaba fascinado con todo eso.

A fines de esa década comencé a averiguar dónde podía estudiar computación, no había carreras específicas, la computación era materia de carreras universitarias importantes,  sólo podía hacer cursos en IBM y así fue. Cuando llegué a cierto nivel de conocimientos que me permitiera trabajar, comencé a buscar la computadora más grande del país.

Averiguando me comentaron que la IBM 370 de la Aduana era la más poderosa que existía en la Argentina.

Fui a la Aduana por recomendación de la querida e inolvidable señora Elba Cami que era una de las Jefas de la División Centro de Apoyo (Cómputos), me ayudó tanto, pude practicar y rendir las evaluaciones que duraron dos semanas y aprobé, a ella se lo debo y le estoy eternamente agradecido.

El 12 de julio de 1971 a las 11:30 hs. con 22 años, ingresaba a la Aduana, había esperado más de un año desde mi evaluación, yo tenía otro trabajo, pero quería meterme en ese mundo que parecía sólo para astronautas.

Pero de trabajar con la computadora, nada de nada, estaba en el área, pero muy lejos de la máquina, me asignaron a la Sección Documentación y Control y el jefe era el señor Juan Italiano, muy exigente, porque el área lo era, la producción era el principal objetivo, el me enseñó mis primeros pasos.

Ingresé como Contratado de 3°, la menor categoría del área, el sueldo era bajísimo, en mi otra ocupación ganaba tres veces más, pero ahora estaba feliz, todo era nuevo.

Y así comenzó mi carrera en la Aduana, ese primer trabajo no fue operar la monstruosa IBM 370, éramos cerca de 500 empleados trabajando para que funcionara, hoy nos reímos con el amigo y compañero en aquellos años, Miguel Cobián, porque la súper máquina ocupaba la mitad del subsuelo y tenía solamente 247 megas de memoria, hoy un pen drive la supera cómodamente.

Mi primera “misión especial” fue atar paquetes con Permisos de Embarque y hacer las rutas correspondientes, esta “tan delicada tarea” me la enseñó mi primer compañero José Carbia, un personaje macanudísimo. Hicimos una gran amistad y lo recuerdo siempre, como también a Rubén Goumaz, Eduardo Ferreira, Roberto Carro fueron mis primeros “compañeros de banco”.

Por un par de años cumplí con los dos empleos, casi no dormía, pesaba 68 kg., entonces opté por dejar el otro trabajo, en poco tiempo había ascendido como contratado tres veces por un concurso interno y como la computación fue una desilusión, “no era lo que yo había imaginado”, me puse a estudiar para ir a la División Verificación y, después de hacer varios largos cursos específicos, me nombraron Verificador/Valorador efectivo. Qué bueno ya no era más contratado.

Pasó el tiempo, con más experiencia y conocimientos, elegí otro camino, quería ser Inspector en Policía Aduanera (1978/79) y he seguido en Inspección hasta el día de hoy.

Séneca dijo “El hombre libre hace lo que quiere y se complace en hacer lo que debe”, y es una de mis frases de cabecera.

Hubo épocas muy difíciles y duras, no resultó fácil sortear a las distintas administraciones, gobiernos, normativas, cambios, políticas y persecuciones, pero lo logré, a veces con mucha preocupación, otras con dolor, a costa de mí salud y la tranquilidad de mi familia.

Tuve grandes aciertos y también desaciertos, puedo decir que  logré el éxito en varias oportunidades. En lo que hice bien o en lo que me equivoqué, tengo la conciencia tranquila de haberlo hecho siempre de buena fe.

Conocí grandes maestros e hice amigos entrañables, vivimos juntos más tiempo que con nuestras familias. No puedo dejar de mencionar algunos de los que ya no están, porque se fueron de la Aduana o porque la vida se los llevó y estos son algunos de ellos:

¡El Profesor! Francisco Mario “Pancho” García, qué puedo decir que no se haya dicho, máximo ídolo, todo un referente, ÉL SEÑOR ADUANA, un ejemplo de sabiduría y humildad.

Sr. Vicente Miñana, Jefazo que me guió y me dio “la oportunidad de mi vida”.

Sr. Víctor Alegre, más que caballero ¡y qué maestro!.

Dr. Héctor Cresseri, desde el día que lo conocí quedé asombrado por su don de gente y conocimientos, uno de los mejores jefes que tuve.

Sr. Carlos Gandolfi, “El Extraordinario”, así lo llamábamos, lo mejor de lo mejor como compañero.

Sr. Roberto Jorge Rodríguez, maestro de maestros, inolvidable y tan querido.

El SEÑOR Jorge Charelli, único, cómo quisiera estar cinco minutos charlando con él y darle un fuerte abrazo, otro de los Extraodinarios que tuve la suerte de conocer.

El Sr. Osvaldo Dopazo, cuánto lo extraño, otro de los Extraodinarios.

Sr. José Ricardo Gómez Remedi, un grande, un hermano del alma, siempre está a mi lado cuidándome, tener su amistad fue un lujo.

Sr. Roberto García Abruza, no tengo palabras para agradecer todo lo que me ayudó.

Sr. Juan Carlos Lambertti, tan querido profesor y amigo, qué cultura.

Y no puedo dejar de mencionar a alguien que se retiró hace años, el Sr. Alfredo Rojas, un líder nato, cuánto que me enseñó.

Y a mi amigo Jorge Héctor Lima, que no veo hace muchos años y que tanto quiero, maestro, amigo del alma, no alcanzan mis palabras de agradecimiento para él. Cómo lo extraño,  yo pude conocerlo, “hay gente que no tuvo esa suerte”.

Sería interminable la lista, quizás me olvide de muchos y pido disculpas, pero estos son los que recuerdo ahora.

Pero la persona más importante que conocí en la Aduana en febrero de 1973, fue la que después fue mi mujer, Alicia, hoy después de 40 años seguimos juntos felices por la vida, ella se preocupó y sufrió mucho con mi trabajo en Drogas Peligrosas, me desempeñé durante 30 años en esta materia tan sensible, pero me acompañó siempre en silencio y con respeto. No tengo palabras para expresar todo lo que ella significó y significa en mi vida.

Conocí y conozco personas extraordinarias que son mis amigos que voy a seguir frecuentando, a algunos empleados que tuve, hasta los adopté casi como “hijos”, ¡miren si serán buenos!.

También conocí otra clase de personas, esa es la vida, pero no recuerdo sus nombres, no valen la pena, pero ellos saben quiénes son, los hombres somos falibles por naturaleza, pero algunos lo son adrede y llegan hasta la traición, ¡lamentable!.

Siempre aposté a la capacitación, en todos estos años sumé más 20 cursos nacionales e internacionales, que insólitamente no figuran en el legajo SARHA, pareciera que nuestra trayectoria hubiera comenzado con la AFIP en 1997, y con todo lo anterior, qué pasó?, no sirve?, porque me costó mucho sacrificio lograrlo. En el legajo tradicional de papel constan todos mis certificados o diplomas y las 6 felicitaciones que orgullosamente obtuve en mi carrera y no fueron por estar sellando papeles detrás de un escritorio.

Me retiro con la categoría CTA-02 y la función más alta para un Inspector, la de Inspector General, hoy soy el único en toda la Repartición con esa función y por ahora el último.

Paradójicamente tuve esta misma función interina en 1996/1997, cuando cuándo ocupé el cargo de Secretario Alterno de Control  de Policía Aduanera, hoy sería como una especie de “Subdirector”. Éramos un batallón de aproximadamente 600 Inspectores, después de un tiempo como no quería ocupar ese cargo, me nombraron Jefe del Departamento Drogas Peligrosas, peor aún, a pesar del tiempo que desempeñé esas funciones, no me confirmaron la categoría, ni tampoco la pagaron por la famosa “emergencia económica” de aquellos años.

Siempre dije que: “La Aduana nos paga por mirar, pensar mal y desconfiar”. Considero que ese es nuestro trabajo las 24 hs., los 365 días del año, o me equivoco?.

Me voy con 43 AÑOS y más de 5 MESES, de antigüedad en la Aduana, parece mentira…. jamás imaginé que iba a llegar este momento.

Voy a seguir en contacto con todos desde mi sitio web sobre nuestra espectacular historia y voy a estar a su disposición para lo que necesiten, o bien si quieren ayudarme con él tema se los voy a agradecer.

De aquel Contratado de 3° llegué hasta acá, no es mucho comparado con otros colegas, pero esa fue mi decisión. Fue un camino largo, difícil, lento, pero apasionante, la Aduana fue mi mejor escuela, mi casa, mi vida, mi familia y está en mi alma. Como nos pasa a todos, trabajar en LA ADUANA, no es sólo un trabajo, es una vocación y es como nuestra primera novia, ese amor casi imposible y difícil que aún en nuestros locos desvaríos de la vejez, la seguimos recordando porque la llevamos para siempre en nuestro corazón.

De mis queridos amigos no me despido porque los voy a seguir viendo, así que este es un gran abrazo virtual para ellos y a los buenos colegas y colaboradores que tuve la suerte de conocer, los llevaré siempre en mis recuerdos. Un abrazo y Feliz Año 2014.

Creo que llegó el momento de decir, “MISIÓN CUMPLIDA”.

Y ahora sí, que pase el que sigue…..JA.

Jorge Monetta
Inspector General
Aduana Argentina- D.G.A.
Buenos Aires – Argentina
monetta@historiadelaaduana.com.ar
www.historiadelaaduana.com.ar